Calma y  “morabeza”, belleza y alegría de vivir.

Hay lugares que  destilan una sosegada calma cuando los visitas. La mayoría de ellos, todo sea dicho, no están publicitados y no cuentan con grandes lujos, ni grandes hoteles, ni son destinos número uno. Mejor así. Gracias a ello estos sitios permanecen aún con su primer sabor,  sabor lento y dulce, al margen del ruido global que parece embriagarlo todo hasta el punto de impedirnos escuchar nuestra propia voz interior. Esa voz interior que al principio nos asusta e incomoda: “¿qué es eso del silencio por todas partes?… qué aburrimiento! “ dicen algunos. La mente funciona como un mono alocado y necesita estímulos, los oídos música a alto volumen, el motor de los coches, el zumbido sordo del ordenador, el murmullo somnoliento de la gente que lanza los mismos discursos para hacerse oír… pero no porque alguien sepa escuchar…. Sinceramente, ¿quién no necesita parar ese martilleo incesante en la mente?

Afortunadamente, hay lugares, como decía, en que todo eso se queda fuera y entonces te encuentras con lo que de verdad importa: el contacto humano, un ritmo de vida sosegado, un sentimiento, mil momentos sin reloj, otro sentido de la vida. Y es entonces cuando esa voz interior y no el murmullo incansable de la cabeza, surge y disfrutas del momento presente. Esa voz interior que oyes cuando permaneces sumido en la plenitud del ahora sin distracciones. Eso es  lo que escuchas cuando visitas  Boa Vista en Cabo Verde.

En la Costa Norte de la Isla de Boavista, una de las que componen el Archipiélago de Cabo Verde, se encuentra el Ecolodge Spinguera… un lugar tranquilo, agradable y casi aislado, perfectamente integrado en la naturaleza. Un esfuerzo de quienes habitan la Isla para atraer visitantes protegiendo además su entorno natural.

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